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martes, 25 de octubre de 2016

Diario en gira IV. Gracias al universo.

24 de octubre. 1:30 horas.

Otra vez en carretera. Otra vez de vuelta de una de nuestras plazas. Esta vez Murcia, que nos ha recibido con un buen tiempo inusual para esta época del año, y diferente de la borrasca que está otoñando toda España. Han sido muy buenas funciones con una estupenda respuesta del respetable. Tuvimos en el público un par de funciones a la familia y amigos de nuestra Fraulein Kost y segunda Schneider, Pepa Lucas, que le dieron un cálido homenaje y, de paso, al resto del elenco y a todo el espectáculo. También fue entrevistada por un periódico local y la televisión. Quizá tenemos una figura en ciernes. Seguro que si; al menos ella, según los titulares, está agradecida al Universo de tanto parabién. Así como nuestra Sally Bowles, María Adamuz, declaraba que después de interpretar este personaje podía morir tranquila. Decididamente la combinación de Cabaret y la prensa murciana ha sido de lo más transcendente.

Seguímos repasando la función, como ya os he contado, para que no pierda nada de su calidad. El pasado viernes tuve un ensayo musical con Amparo Saizar, mi querida Fraulein Schneider y nuestro director musical, Raúl Patiño. Buscábamos la forma de que nuestras voces, que parten de formas diferentes de cantar, dijeran lo mismo. Ha sido un poco extraño para mí, y en la primera función me encontaba un poco a la búsqueda de la emisión ideal. Pero creo que estamos alcanzando el punto adecuado. Nunca se deja de aprender.

Después del ensayo tuve la tarde libre. La primera función la hacía Ángel Padilla, y tuve ocasión de dar uno de mis proverbiales paseos por la ciudad. Estuve caminando más de horas y visité la catedral y el teatro Romea, donde canté zarzuela estando en el coro de la compañía de Antonio Amengual. No quería que este diario se convirtiera en una especie de recorrido nostálgico por otras giras, como si de otras vidas se tratase, pero a veces las casualidades no tienen más que una dirección. O eso es lo que me parece. El caso es que saliendo del auditorio me fijé (vete a saber porqué) en uno de los chaquetones que usan los muchachos que interpretan los marineros alemanes; esos chaquetones tres cuartos de paño azul marino tan clásicos, y observé con tremenda sorpresa que en la etiqueta ponía AGUDIN. Para los que no le conozcáis, Alberto Agudín es un actor que trabajó en infinidad de zarzuelas, y con el que coincidí varios años en la compañía de Amengual. Sin duda lo había utilizado a menudo en La Tabernera del Puerto o Marina, o incluso en Molinos de Viento, todas de ambiente marinero. Me alegré mucho de leer ese nombre en el vestuario de Cabaret. De alguna forma todo está unido, estamos en el mismo negocio, en el mismo mundo, y si no, que se lo pregunten a Cornejo.

He tenido algo más de tiempo para leer. Terminé Campo del Moro, de Max Aub, y me ha decepcionado un poco. Más que un relato de la guerra civil española, es una instantánea del espíritu de los perdedores. Perdedores no de esa contienda, sino en el sentido más amplio de la palabra. Como mi adorado Schultz. Suelo escarbar en su tristeza, en su total desolación, especialmente al final de la función. Busco alguna imagen, algún sentimiento que me lleve cerca de esa sensación, que de algo de realidad a mi voz y mis gestos. A veces, el residuo que deja este ejercicio hace que termine gimoteando al salir de escena, sobre todo la última despedida de Sally y Cliff, pero es mayor la satisfacción de haber intentado buscar esa verdad. Curiosamente y a pesar de su dureza, es una función nada tóxica para los intérpretes, como si lo era, por ejemplo Los Miserables. Y es que la vida es un Cabaret.
De regreso a casa, como siempre, voy escuchando música. Esta vez algo no indicado para todos los oídos, Heavy Metal, y de lo mejorcito; el último álbum de Iron Maiden, The Book of Souls, del que me gustan especialmente dos temas, Speed of Light, una suerte de repaso a su enorme carrera y Tears of a Clown, un homenaje al desaparecido Robin Williams, y que es una perfecta mezcla de ternura y fuerza. Os animo a disfrutarla. Up the Irons!

"All alone in a crowded room
He tries to force a smile
The smile it beamed or so it seemed 
But never reached the eyes disguise
Masquerading  as the funny man do they despise ...

Hasta la próxima.



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